Quien crea que detrás de ese hombre de rostro duro y un tanto cínico no se esconde un actor de raza, que vea ”Moonrise Kingdom”, la nueva de Wes Anderson, donde Bruce Willis (1955) entrega un trabajo de antología en la piel de un guardia de seguridad perdedor, melancólico y más solo que un perro solo.

No es la primera vez que el ex de Demi Moore se saca el disfraz de John Wayne moderno para demostrar que si se le antoja puede estar a la altura de cualquier actor shakesperiano, pero lo suyo es derrochar testosterona en la piel del detective John McLane, personaje que en Duro de matar le ha dado fama mundial y una fachada icónica como un malo justiciero y violento.

En este tipo de trabajo, está muy lejos, por ejemplo, de plantearse dudas existenciales y dilemas intelectuales como el que la semana pasada, al inaugurar el Festival Sundance, lanzó su fundador.

Robert Redford dijo que cuando vio dos carteles enormes promocionando éxitos de taquilla donde los actores llevaban armas “pensé si mi industria cree que las armas ayudan a vender boletos. No sé, es una pregunta. Tal vez sí. Parece una pregunta que vale la pena hacerse, tal vez haya una razón”.

Bruce Willis no se hace esos cuestionamientos y antes prefiere viajar a Moscú (bueno, la peli se rodó en realidad en Budapest, que era más barata que la capital rusa), donde trascurre Un buen día para morir, la nueva entrega de Duro de matar que revive la Guerra Fría en el siglo XXI, con una historia de intrigas gubernamentales y la difícil tarea, pero posible cuando se trata de este “007 de Plainfield, Nueva Jersey”, de salvar al mundo y a los seres queridos que se encuentran en peligro.

Un cuarto de siglo ha pasado desde que la primera película de la saga irrumpió en los cines para cambiar el paradigma de los filmes de acción y perpetuar el perfil de un héroe singular encarnado por el más común de los mortales, un detective sin cualidades distintivas que se ve enfrentado a circunstancias extraordinarias.

De tal padre, tal hijo
El nuevo capítulo de la serie está motivado por el deseo de Willis de explorar la relación entre padre e hijo, teniendo como fondo un escenario peligroso que los obliga a encontrar una manera de superar sus diferencias para sobrevivir. Del propio actor, entonces, nació la idea del guión escrito por Skip Woods y Jason Keller.

Durante los últimos años de la Cortina de Hierro, los rusos Komarov y Chagarin robaron cientos de millones de dólares en plutonio de la planta nuclear de Chernóbil. Veintisiete años más tarde, el final de este latrocinio se llevará a cabo en Moscú  y su clímax resonará a través de los pasillos de las cortes rusas, las fortunas de los poderosos oligarcas y las vidas de dos estadounidenses entrometidos: John McClane y su hijo Jack.

Willis está contento de volverse a poner los zapatos del papel que creó hace 25 años y aprecia la oportunidad de volver a visitar al querido personaje que tiene la tendencia a estar en el lugar equivocado en el momento correcto.

¿Acaso los problemas encuentran a John McClane o es él quien los busca? “Bueno, ciertamente tiene una atracción hacia los problemas”, comenta el actor, “pero sí, los problemas parecen estar decididos a encontrarlo”.

“Me parece una labor interesante alcanzar los estándares que establecimos en la serie, además de que disfruto encontrarme con McClane en diferentes etapas de su vida. En esta historia se encuentra en un momento en el que los hombres tienden a reflexionar acerca de su pasado. Para McClane, es la relación distanciada que tiene con su hijo. No han hablado en algún tiempo y la primera noticia que ha recibido de él es de su arresto en Moscú”.

Sus diferencias son abundantes y profundas. “Jack hace las cosas como deben de hacerse y John raramente sigue las reglas y usa cualquier cosa que esté a la mano para lidiar con la situación”, explica Willis.

Según el director John Moore, nadie como Bruce “conoce mejor al personaje y  qué es correcto para John McClane y para Duro de Matar”.

El papel de Jack McClane fue a parar a manos del joven actor australiano Jai Courtney, quien fungió en la temporada del 2010 como coprotagonista de la serie Spartacus: Blood and Sand  y como el imponente adversario de Tom Cruise en Jack Reacher.

“Hice un par de audiciones para el papel de Jack McClane y desde luego no esperaba que saliera nada de ninguna de ellas, porque sabía que estaban haciendo un casting muy vasto. Acababa de terminar Jack Reacher en Pittsburgh y me dirigía a Sídney. Literalmente, estaba caminando por los pasillos del aeropuerto en Los Ángeles para tomar mi vuelo de conexión cuando mi agente me llamó y me dijo: – no te vayas — ¡quieren que leas el guión con Bruce!’.

Una semana más tarde hice una prueba con él y tiempo después me llegó la buena noticia. Ha sido una experiencia fantástica. Bruce es uno de esos tipos que vi en la pantalla mientras crecí y  la franquicia de Duro de Matar es icónica”, dice el actor nacido en Perth en 1986.

“Jai obtuvo el papel y de inmediato parecía de la familia, era otro McClane”, dice papá Willis.

Un edificio que estalla y una espectacular persecución llevada a cabo en un camión que nuestros héroes toman “prestado” en las calles de Moscú (la escena llevó 82 días de filmación en que se destruyeron varios autos de lujo) constituyen el escenario idóneo para que el loco de McLane y su atribulado hijo den rienda suelta a la locura justiciera que tanto gusta a los seguidores de la saga.

El filme fue rodado en un imponente parque de Budapest y en los estudios Raleigh, de la misma ciudad, donde la producción construyó 38 sets, entre ellos el salón de baile del Hotel Ukrainia, el que fue destruido de manera sistemática durante poco más de una semana de filmación.

La cantidad de destrucción es épica, incluso para una película de Duro de Matar, dice el comunicado de prensa de la Twentieth Century Fox.